Minería en Chile: una gran cartera, pero ¿dónde está el despegue?
Inversión Minera

Minería en Chile: una gran cartera, pero ¿dónde está el despegue?

Roberto Martinez

Roberto Martinez

Director de Negocios Chile

20 de octubre de 20264 min de lectura

Chile supera los US$100.000 millones en proyectos mineros, pero ¿qué falta para convertir ese potencial en un nuevo ciclo de inversión?

Hay una cifra que llama especialmente la atención cuando se analiza la minería chilena: la cartera de proyectos para los próximos años supera los US$100.000 millones. Es una cifra enorme y sin duda, refleja el potencial que sigue teniendo Chile en cobre, litio y otros minerales. Sin embargo:

¿Estamos realmente frente a un nuevo ciclo de inversión minera?

Mi impresión es que, al menos durante 2026, aún no se evidencia, aunque hay proyectos importantes en construcción, ampliaciones de operaciones existentes, iniciativas que avanzan en ingeniería y otras que siguen su tramitación ambiental.

Lo que cuesta encontrar es un cambio generalizado en el ritmo de las decisiones de inversión.

Y hay una señal adicional que me parece interesante: lo que está ocurriendo en las empresas que participan en la cadena de desarrollo y ejecución de estos proyectos también refleja esta situación.

Ingenierías, consultoras, empresas de servicios especializados, constructoras y otros proveedores que acompañan a las compañías mineras durante las distintas etapas de un proyecto perciben directamente cuándo el mercado comienza a acelerarse.

Cuando existe un ciclo fuerte de inversión, normalmente aumenta la demanda por estudios, ingeniería, permisos, adquisiciones, construcción y servicios asociados. Se abren nuevos contratos, se amplían equipos y las empresas comienzan a anticiparse a una mayor carga de trabajo.

Eso es precisamente lo que, al menos hasta ahora, no parece estar ocurriendo de manera generalizada en 2026.

Y probablemente ahí está una de las claves para entender el momento actual.

Durante muchos años, la discusión estuvo centrada en el potencial geológico de Chile. Hoy eso parece estar bastante claro. Tenemos recursos, experiencia, infraestructura y empresas mineras de primer nivel. El problema es que desarrollar un proyecto de gran escala se ha vuelto bastante más complejo.

Una inversión de varios miles de millones de dólares debe considerar no sólo el mineral y su precio esperado, sino también el CAPEX, los plazos, los permisos, el agua, la energía, la infraestructura, las comunidades, la tecnología y los riesgos asociados a la ejecución.

Todo termina afectando la misma pregunta: ¿el proyecto sigue siendo suficientemente atractivo como para comprometer ese nivel de capital?

El CAPEX es probablemente uno de los filtros que más está pesando. Las compañías mineras tienen hoy muchas alternativas para asignar recursos y deben comparar proyectos en distintas partes del mundo. Incluso dentro de Chile, una ampliación de una operación existente puede resultar bastante más atractiva que desarrollar un proyecto nuevo desde cero.

Por eso no sorprende que buena parte de las iniciativas relevantes correspondan a extensiones de vida, reposiciones y ampliaciones de operaciones que ya están funcionando.

Algo parecido ocurre con el agua. La desalación y la recirculación están permitiendo enfrentar una de las principales restricciones de la minería del norte, pero no son soluciones gratuitas. Requieren plantas, sistemas de impulsión, energía e infraestructura.

En otras palabras, la sustentabilidad ya no puede tratarse como un tema separado de la economía del proyecto.

Los permisos también tienen un efecto que a veces se subestima. Para una inversión de US$4.000 o US$5.000 millones, un retraso importante no es sólo un problema de calendario. Puede afectar costos financieros, CAPEX, contratos y, finalmente, la rentabilidad esperada.

La judicialización agrega otra capa de incertidumbre.

Codelco es quizás el caso que mejor permite visualizar la complejidad del escenario. La empresa necesita invertir fuertemente para sostener su producción futura, pero al mismo tiempo enfrenta operaciones maduras, proyectos técnicamente complejos, presión sobre costos y la necesidad de cuidar su situación financiera.

La discusión, entonces, no es simplemente cuánto invertir, es también cómo invertir mejor.

Por eso creo que será mucho más interesante observar lo que ocurra entre 2027 y 2030 que seguir mirando únicamente el monto total de proyectos anunciados. Ahí podremos ver cuántas iniciativas pasan de la ingeniería y los permisos a decisiones concretas de inversión y construcción.

Si ese proceso se acelera, podríamos estar efectivamente ante el comienzo de un nuevo ciclo minero para Chile.

Si no ocurre, tendremos que preguntarnos por qué un país con recursos tan relevantes y con perspectivas favorables para el cobre y el litio está teniendo dificultades para transformar ese potencial en nuevas inversiones.

Quizás esa sea la verdadera discusión minera que deja 2026.

Chile no tiene un problema de falta de recursos ni de falta de proyectos. El desafío está en generar las condiciones para que los proyectos competitivos puedan avanzar, con reglas claras, plazos razonables y una adecuada combinación entre rentabilidad y sustentabilidad.

Lo anterior, será lo que finalmente determine si estamos frente a un nuevo ciclo de inversión minera más que el tamaño de las cifras anunciadas.

¿Estamos ante un ciclo que está comenzando a tomar fuerza o todavía falta bastante para que el despegue sea evidente

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